La creación inmune

Por Bárbara Colio

Octubre 27, 2020

Semana Internacional de la Dramaturgia. Mesa Zoom: Dramaturgia y virtualidad.

Creo que hay que detenerse a observar, activamente, cómo funciona la vida, imitar los caminos de la naturaleza para encontrar caminos para crear.

Yo creo en la biología de la creación, en el estudio de los procesos naturales de los organismos vivos.

Y el teatro es un organismo vivo.

El cuerpo humano, cuando una de sus partes es dañada o extirpada, el cuerpo, de inmediato COMPENSA, se acciona con lo que tiene, y cubre las funciones de la parte dañada en cuestión, se adapta y sobrevive. Así mismo funciona la sociedad, la vida, el arte, que son absolutamente, organismos vivos.

Esta convicción mía no es nueva, y en esta era que vivimos hoy, crece El año pasado escribí un primer libro sobre mis procesos de escritura que se llama EL CUERPO, a propósito de un trío de obras que se inspiraron en el funcionamiento de tres partes del cuerpo (Instinto, Latir, Humedad). El cuerpo nuestro no como tema, si no como estructura, como organismo dramático. Pero también una obra que escribí hace varios años, parte de esa misma premisa: el proceso de reajuste ante la pérdida que el cuerpo desarrolla, no es solo biológico, también es un proceso del que se vale el espíritu cuando algo le hace falta o le es arrebatado. Nos reajustamos orgánica, emocional y socialmente ante la pérdida, ante lo desaparecido, ante la incertidumbre. El mismo título de esa obra evoca el llamado a la adaptación con lo que hay. Les leo unas líneas de Pequeñas certezas que vienen a cuento:


Olga: En el avión leí un artículo muy interesante. Hablaba de que el cuerpo humano tiene la capacidad -por naturaleza- de cubrir sus funciones vitales aún cuando algunos de sus órganos hayan sido extirpados ¿captas? De alguna manera el organismo se entiende, se comunica o yo que sé, y que si la vesícula, o un riñón, o un ovario, o que las anginas que es lo más común, hacen falta, el impresionante diseño de nuestro sistema se reajusta y hace que los demás órganos asuman sus funciones. Lo que hace que por fuera uno pueda seguir caminando por ahí sin que nadie note el desperfecto. Qué maravilla ¿no? [Pequeñas certezas, Colio 2003]


Creo que eso pasó con el teatro. Súbitamente, no por enfermedad degenerativa, -si estaba en perfecta salud- sino por accidente, sus edificios nos fueron arrebatados y declararon su actividad, un peligro. El contacto humano, fuente brotante del teatro, se redujo a conexiones inestables, a cuadritos en una pantalla, a voces robóticas, imágenes borrosas, alientos congelados. El órgano vital que significa el convivio presencial para el acto escénico, nos fue extirpado, y entonces sucedió, que el cuerpo teatral que nos habita, empezó inmediatamente a COMPENSAR.

COMPENSAMOS la pérdida usando músculos, órganos, cartílagos que no habíamos usado antes para el teatro, como el Facetime, el Zoom, el Classroom. Nos aferramos al teléfono y a las cámaras, como adictos a los analgésicos.

Como en un organismo vivo, el proceso de reajuste fue doloroso, tuvimos que reaprender a mover el cuerpo de otra manera para seguir andando. Y cualquier médico estuviera orgulloso de nosotros, ya que la evolución en el proceso ha sido meteórica; hace 7 meses estábamos picándole a la computadora por todos lados, como simios en la última escena de Odisea 2001 de Kubrick, para encontrarle el modo y ver como funcionaban “esas cosas”, esas plataformas de comunicación que ahora ya son tan parte de nuestra vida como la estufa o el refrigerador, y ya no pensamos una vida sin ellas. Para todo.

El órgano creativo de nuestro cuerpo, alma o psique, tenía-tiene que seguir funcionando, produciendo, para sobrevivir. ES su naturaleza.

¿Qué pasa con el teatro hoy? pues que de esa compensación y evolución, emerge, se genera, una serie de estilos diversos difícil de etiquetar, pero que nos llevan a una cierta transteatralidad.

El teatro evoluciona como especie, muta, se deja atravesar transversalmente por diferentes lenguajes, técnicas, mañas, se transgrede a sí mismo.

El teatro, que necesita de las palabras, esas que nos sirven para traducir las emociones, las ideas, las imágenes; se enfrenta con la re significación en proceso de algunas palabras centrales como : “cercanía” “espacio” “convivio” “relación” “sentido” “prioridad” “muerte” “amor”, una re significación en un acelerado presente continuo, porque justo por eso estamos aquí y ahora, reunidos en este instante, intentando entender un poco, cual será el re significado de esas palabras como de muchas otras. Un re significado que quizá no altere los diccionarios oficiales, pero sí nuestra asimilación del concepto, y de nuestro reaccionar ante ello. Significados quizás, que serán individuales, de personal apreciación y aplicación sin la necesidad de un consenso colectivo.

Mientras tanto, el teatro, como el cuerpo, no puede detener el flujo de su sangre y de sus latidos mientras nos ponemos de acuerdo. Necesita seguir compensando.


Hay que tener cuidado con lo que se desea, la utopía se ha cumplido, nos hemos convertido en ciudadanos del mismo terreno de la incertidumbre, paisanos todos, por primera vez. Funcionando apenas con pequeñas certezas entre reglas que cambian continuamente, con la moneda entre la muerte y la vida girando con mayor velocidad que nunca. Es aterrador, lo sé, y asumo la barbarie de también pensar, que eso, es absolutamente fascinante para la creación. Y mientras haya aliento...

Yo me siento igual que cuando empecé a hacer teatro, o empecé a caminar o a hablar, estoy reaprendiendo a hacer aquello que, según yo, ya tenía dominado. Siento la bofetada en mi cara, cuando se creía que ya todo estaba armado, el mundo brinca, se burla de ti, y te echa en cara que jamás, jamás, la ficción ha superado la realidad y que ésta, aun tiene mucho que enseñarte. Ya no hay caminos trazados, ni fórmulas, todo en el arte se transforma, como ha sucedido cien veces en la historia de la humanidad, solo que ahora, la diferencia, es que nos está tocando a nosotros padecerlo, y lo estamos posteando en Facebook.

Cómo hacer del obstáculo un trampolín. Cómo conectar con el mundo de nuevo, cómo re enamorarlo del teatro, que lo sienta tan suyo, como lo es. Cómo estar a su altura. Es un momento muy exigente para el teatro que hacemos, sí, hay que dotarle de tanta vida y poder, para que le valga al espectador pensar que arriesga la vida por verle.


En este momento, yo no sé que tanto nos tenemos que sentar y detener a pensar y esgrimir acerca de lo que hacemos, o simplemente levantarnos y hacer, y hacer y hacer, a ver qué pasa, a ver qué sucede, a ver a dónde nos permitimos llegar. Total, estamos todos pisando el terreno de la incertidumbre, no hay márgenes fijos en los cuales definir aciertos y errores. Todo es vulnerable, penetrable, cambiable, frágil. Seguir vivo y respirando, es lo único que cuenta.

Pero me han citado aquí para que les hable de dramaturgia y virtualidad, así que hablemos de ese levantarnos y hacer. En mi proceso de reajuste, de reaprendizaje, he hecho dos trabajos totalmente distintos en esta transteatralidad, a los que les he llamado “un algo”.

Por un lado: No puedo ignorar lo que dijiste, que lo pueden ver gratuitamente por aquí.

Hacerlo fue un impulso vital, estaba intentando (seguiremos en el intento) recuperarme del descalabre, de la extirpación; y un rayo de sol que se coló una mañana por mi balcón me dio algo de claridad, me hizo darme cuenta, que aunque el teatro físico estuviera cerrado, el teatro que habita en mí, estaba totalmente abierto. La pérdida fue de los edificios, pero no de la esencia teatral; no tenía que escribir nada, no había que crear ningún personaje ni situación ficticia, el personaje y la ficción eran yo misma.

Una Yo misma que no es ésta que les habla ahora, a la que presentaron como Bárbara Colio, y que invitaron aquí porque creen que sabe algo sobre teatro -cosa de la que ya no estoy tan segura-. Era una yo misma, enfrentándome a la cámara diciendo cosas que no me había atrevido a decir en voz alta, una yo misma que inicia traduciendo lo que ve en ese instante pasar por su ventana, conectándome con mi propia intimidad y la intimidad de mis amigas (la Mastache, la Merchant, la Sheila, la Ivonne, y la Sofi), aliándome con su propia resistencia, con su propia lucha de transición. Fue un ejercicio muy fuerte, que imaginé, hice y armé en tres días y que, si me hubiera tardado una hora más en hacerlo, me hubiera rajado de publicarlo, ¿para qué? ¿a quién le importa? Estaba aterrada. "Esto no es teatro”, inicio afirmado, pero surgía de la necesidad y la falta del teatro, entonces… ser o no ser, era el dilema. Ahora sé, que definitivamente, hacer ese “algo” fue un parteaguas en mi propia re significación de la palabra dramaturgia.

El otro “algo” que hice y es Teoría y práctica de la muerte de una cucaracha (sin dolor) que por ahora puede verse en la plataforma de Joinnus.com Aquí, sí partí de un texto teatral que escribí hace 22 años, el presente mira al pasado, le di unas cuantas pinceladas para insertarlo en tiempo presente, y con mi amigo Alejandro Pedemonte, un actor peruano, que vive en Estados Unidos, y que se quedó atrapado en Lima sin poder volver a su casa en Austin (su película y su gran estreno teatral se quedaron en el aire, súbitamente), un domingo de mayo, casi tocando el tema de aquel texto por casualidad, en dos minutos nos propusimos hacer este “algo” a distancia. Solo con nuestros dos teléfonos y nuestro obstinado carácter. Ensayábamos a distancia, Alex, en toque de queda en Lima, y yo acá en un confinamiento estricto; yo lo dirigía a través del ojo del espectador, él armaba todo en el propio encierro del personaje, ambos a miles de kilómetros de distancia. El día de la grabación definitiva, pusimos nuestras manos, cada quién en su pantalla, y gritamos tres veces ¡mierda, mierda, mierda! Los rituales son los rituales. El resultado es CINE, es TEATRO, no sé, es “un algo” que no podíamos dejar de hacer. Un impulso vital. Un latido del cuerpo.

Yo no sé, en ambos casos, si éstos “algos” pueden llamarse experiencias virtuales, para mí son experiencias reales, que compartimos en un desfase de tiempo y espacio, creando una nueva dimensión de experiencia creativa, tanto para el que lo hace como para el que lo ve.

Creo, que hay quienes necesitan clasificar, encajonar, definir primero y hacer después, y esta muy bien, los necesitamos. Y otros, en los que me sumo, lanzamos la pelota y luego vemos cómo vamos por ella.

Creo que es momento de escuchar al cuerpo, de darle lo que necesita. De separar las restricciones físicas, sociales, de convivio que se nos imponen, y procurar dejar libre y al vuelo el espíritu, el latido creativo. Hay muchas cosas a las cuales temerles hoy día, desprendámonos del miedo al intento.

Es tiempo de fortalecer y mantener, la creación inmune.

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© Bárbara Colio. 2020

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