|
En plena selva de máquinas pensadas para correr, una mujer abandona el taxi que por horas la ha tenido inmovilizada. Un hombre deja su auto tras el ladrón que le ha robado su maletÃn. En la vorágine del ir “siempre hacia adelante†sin saber exactamente a dónde ni porqué, ésta mujer que carga sus maletas en un absurdo intento de llegar al aeropuerto a pie, se topa con este hombre desprovisto de los documentos que le avalan tener una vida.
El Tráfico, un ser malévolo sin duda, los acecha con su lenguaje de cláxons y gritos, producto de millones de moléculas-coches que sólo desean avanzar en su carrera sin sentido.
|