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Bárbara Colio

dramaturga   *   playwright

@Barbaralio

barbaradrama@gmail.com

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El juego de la ausencia

Por Rosa Briones,

Revista ADE. España.

“Si no guardas al menos una fotografía del tránsito de tu vida
¿Cómo podrías tener la pequeña certeza de que no todo fue un sueño?”

       Así,  Bárbara Colio nos introduce en Pequeñas Certezas, obra ganadora del premio Mª Teresa León 2004. (España)

Dividida en cinco escenas, cuatro de ellas nombradas como momentos del proceso fotográfico: exposición, revelado, imagen velada, impresiones. Colio nos introduce en un viaje hacia la búsqueda de un hombre desaparecido y, a través de su recuerdo, el reencuentro con la propia identidad, la capacidad de actuar, proyectar y comprometerse con la existencia por parte de los personajes implicados en su búsqueda.

“Sofía: Lo envidio. Si yo pudiera desaparecer así, lo haría. Lo chistoso es que creo que lo entiendo. Él jamás se pudo hacer a la idea de vivir como muertos, como Juan, como yo. Mario era toda luz. Creo que siempre lo envidié. Cabrón. Quisiera verlo una sola vez más… está vivo, lo sé. Él no es de los que se muere”

En su desarrollo, diálogos monologados y compartidos conviven creando una secuencia anacrónica donde el pasado también se materializa en el presente, generando un ritmo de desarrollo ágil e inteligentemente sostenido.

“Natalia: Yo no soy como tú, mamá. Sí. Voy a tener un “bulto, un hijo de un fantasma. Era de esperar. ¿No? Yo misma soy hija de unos fantasmas. Y las cosas no pueden ser así la gente normal no nace de fantasmas…”

Desde el comienzo nos vemos envueltos dentro de la trama argumental de forma vertiginosa, no hay tiempos muertos. Todos los personajes se encuentran inmersos de forma igualmente activa en el conflicto colectivo y personal, lo que la convierte en una obra de marcado carácter coral.

“Olga: … ¿Qué clase de cultura es esa donde la familia prefiere casarte con un perro a que seas tu misma? Esa es una señal, una alarma que todas deberíamos de escuchar.”

Alrededor de temas como el amor, la orfandad, lo clandestino, la adopción, el aborto, la lucha por la vida, etc., se nos muestra un cotidiano, que parece extraído en ocasiones del realismo fantástico, introduciéndonos imágenes tan dispares como la de una niña pobre obligada a casarse con un perro para romper el maleficio, o la mujer, madre yerma, empeñada en adoptar cadáveres huérfanos. Todo ello dentro del perímetro de un país, México, donde la desaparición se convierte en una paranoia colectiva que colorea el cotidiano.

“Juan: … Mario va a aparecer cualquier día, va a sonar el teléfono y será él. Cuando tenga hambre saldrá de su escondite a pedirnos un dulce y… ¡No! ¡Escúcheme usted a mí! Eso no es lo importante ahora, lo que importa es volver a poner las cosas en su sitio es una señal y ¡No! ¡No! (Pausa se recupera) Sí, doctor. Perdóneme. Sí, sí. Ya estoy bien…”

Plurales también son los espacios donde transcurre la trama: un aeropuerto, una sala de espera de una clínica abortista, una funeraria,… Los cinco protagonistas, cuatro mujeres y un hombre: hermanos, amante, madre y amiga parecen aceptar el juego final de la convención teatral donde un muerto ajeno se convierte en el propio por necesidad de salvarse.

“Madre: encontraron un cuerpo en la playa que al parecer tenía meses entre las olas. La descripción coincidía con la de Mario. Necesitaban que alguien lo identificara. Fui inmediatamente…
 

Madre: Tranquila, hija, tranquila. Necesitábamos un muerto y ya lo tenemos. Este funeral nos va a sentar muy bien a todos. Muy bien”